Los prestamos entre amigos o conocidos: errores a evitar

Descubre qué tener en cuenta antes de prestar dinero a un amigo: acuerdos, plazos y cómo reclamar si el préstamo entre personas no se devuelve.

Julián Julián Bonaño Aranda · julio 9, 2026, 21:17 · 5 min de lectura

Prestar dinero a un amigo parece un gesto sencillo. Total, es alguien de confianza, ¿qué puede salir mal? Pues bastante, la verdad. Cuando hablamos de préstamos entre personas, la falta de un acuerdo claro es precisamente lo que convierte una ayuda puntual en un problema que puede durar años. Y no, no exageramos: son muchos los casos en los que un préstamo informal termina rompiendo una relación que llevaba décadas funcionando bien.

El origen del conflicto casi siempre es el mismo. Alguien necesita dinero, otra persona lo tiene y confía, y todo se resuelve con un apretón de manos o, como mucho, un mensaje de WhatsApp diciendo «te lo devuelvo el mes que viene». El problema llega cuando ese mes que viene se convierte en un año, y luego en dos, y la conversación empieza a incomodar a ambas partes.

Cuando el dinero cambia las reglas de la amistad

Hay algo curioso en los préstamos entre conocidos: cuanto más cercana es la relación, menos formalidades se ponen sobre la mesa. Con un banco firmarías un contrato, aceptarías unas condiciones y sabrías exactamente qué pasa si te retrasas en un pago. Con un amigo, en cambio, parece que hablar de papeles fuera casi una falta de respeto.

Esa informalidad es precisamente el problema. No porque desconfiar de un amigo sea necesario, sino porque la memoria es selectiva y los recuerdos, con el tiempo, se acomodan a lo que a cada uno le conviene.

El acuerdo verbal que nadie recuerda igual

Es habitual que quien prestó el dinero recuerde un plazo de seis meses, mientras que quien lo recibió jura que nunca se habló de fecha alguna. Ninguno miente exactamente, simplemente cada uno ha reconstruido la conversación a su manera. Y sin nada por escrito, no hay forma objetiva de saber quién tiene razón.

Este tipo de desajustes son el motivo por el que muchos préstamos entre amigos terminan en un silencio incómodo, en excusas que se repiten mes tras mes o, directamente, en la ruptura de la relación.

Qué dejar por escrito antes de prestar dinero

No hace falta un contrato notarial para prestar 300 euros a un compañero de trabajo, pero sí conviene dejar constancia mínima de lo acordado. Un simple documento firmado por ambas partes, o incluso un correo electrónico donde se detalle la cantidad, el plazo y la forma de devolución, puede evitar disgustos innecesarios.

Entre los datos que conviene fijar están:

  • La cantidad exacta prestada y la fecha en la que se entrega.
  • El plazo de devolución, con fecha concreta y no expresiones vagas como «cuando pueda».
  • Si existen intereses o si el préstamo es completamente gratuito.
  • Qué ocurre si se producen retrasos, aunque sea de forma orientativa.

Puede sonar excesivo para una cantidad pequeña, pero la experiencia demuestra que el tamaño del problema no siempre depende del tamaño del préstamo. Discusiones por 200 euros han acabado igual de tensas que por 20.000.

Plazos, intereses y qué pasa si no se paga

Aquí conviene aclarar un mito bastante extendido: prestar dinero sin intereses es perfectamente legal y, de hecho, es lo más habitual entre particulares. Lo importante no es si se cobran intereses, sino que quede claro desde el principio si los hay o no, para evitar que después una de las partes sienta que se le está exigiendo algo que nunca se pactó.

En cuanto al impago, muchas personas creen que sin contrato firmado no hay nada que hacer. Craso error. Un mensaje de texto, una transferencia bancaria con concepto claro o un correo pueden servir como prueba de que el dinero se entregó y de que existía la intención de devolverlo. No es lo ideal, pero es mucho mejor que no tener absolutamente nada.

Cómo reclamar cuando el prestamo no se devuelve

Llegados a este punto, lo primero suele ser el intento de solucionarlo de forma amistosa: una conversación tranquila, un recordatorio, quizás una propuesta de pago fraccionado. Muchas veces esto es suficiente, sobre todo si la otra persona simplemente ha ido postergando el pago sin mala intención.

Cuando esa vía se agota, existe la opción de una reclamación formal. Un burofax detallando la deuda y solicitando su devolución en un plazo determinado suele ser el siguiente paso, y en muchos casos basta para desbloquear la situación, porque deja constancia oficial de que se está exigiendo el pago.

Si ni por esas hay respuesta, queda la vía judicial, que en España cuenta con procedimientos pensados específicamente para reclamaciones de cantidad, incluso para importes moderados. No hace falta un litigio interminable ni gastos desorbitados para reclamar lo que es tuyo.

En Vilches Abogados trabajan habitualmente este tipo de situaciones, ayudando a valorar qué pruebas existen, qué opciones son más rápidas y cuál es la mejor forma de plantear la reclamación según el caso concreto.

Al final, prestar dinero a alguien cercano no tiene por qué ser un drama, pero sí requiere un mínimo de orden. Un acuerdo claro, aunque sea breve, protege tanto al que presta como al que recibe, y evita que la amistad quede en manos de la memoria de cada uno. Porque si algo demuestra la experiencia, es que el dinero y las suposiciones nunca han hecho buena pareja.

Julián
Escrito por

Julián Bonaño Aranda

Periodista económico especializado en startups, tecnología y nuevos modelos de negocio.

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