La nueva cara de la desigualdad en España: menos propietarios, más riqueza concentrada
La última encuesta del Banco de España revela un aumento alarmante en la desigualdad patrimonial entre hogares españoles debido al descenso en la propiedad inmobiliaria.
Un cambio estructural en la riqueza familiar
La Encuesta Financiera de las Familias (EFF) del Banco de España ha revelado un panorama preocupante sobre la distribución de la riqueza en el país. A pesar de que la riqueza neta media de los hogares españoles ha alcanzado los 344.700 euros en 2024, un incremento notable del 44,8% respecto a 2002, este crecimiento no se traduce en una mejora equitativa para todos los segmentos sociales.
El índice de Gini, que mide la desigualdad en la distribución del patrimonio, ha pasado de 0,581 en 2002 a 0,678 en 2024. Este aumento refleja una concentración creciente de la riqueza entre unos pocos, especialmente durante y después de la crisis financiera. Mientras que los hogares más jóvenes han visto caer su patrimonio neto medio un asombroso 56%, aquellos encabezados por personas mayores han duplicado su riqueza.
A lo largo de las últimas dos décadas, el papel tradicional de la vivienda como principal activo patrimonial ha disminuido drásticamente. En 2011, el porcentaje de hogares con vivienda propia alcanzó un máximo histórico del 82,6%, pero para 2024 esta cifra se ha reducido al 70,6%. Este declive es particularmente evidente entre los jóvenes y las familias con ingresos medios-bajos que enfrentan condiciones financieras más restrictivas.
A medida que disminuye el número de propietarios, aumenta la brecha patrimonial entre quienes poseen una vivienda y quienes viven en alquiler. En 2024, un hogar propietario acumulaba una media de 451.700 euros, mientras que uno inquilino apenas alcanzaba los 87.600 euros. Esta diferencia no solo refleja desigualdades económicas sino también sociales y generacionales.
A medida que se consolida esta tendencia hacia una mayor desigualdad patrimonial, es crucial considerar cómo afectará a las generaciones venideras. La creciente dificultad para acceder a propiedades podría perpetuar un ciclo donde solo aquellos con recursos suficientes pueden acumular patrimonio significativo. Esto plantea serias preguntas sobre el futuro económico y social del país.
A pesar de algunos signos positivos como el crecimiento generalizado en cuentas y depósitos desde 2017 hasta 2024 y una reducción generalizada de deuda entre todos los grupos socioeconómicos, el retrato final es claro: España está experimentando una recuperación patrimonial agregada acompañada por niveles alarmantes y crecientes de desigualdad. La transformación hacia activos financieros frente a bienes inmuebles está redefiniendo no solo cómo se acumula riqueza sino quiénes tienen acceso a ella.
